Que si está buena, que si está mala... Que "no la quiero ver porque es la misma formulita de Amores perros"... Que "qué bien por los latinos, por fin LA ESTAMOS HACIENDO"... Esos son muchos de los comentarios que se escuchan en torno a la multinominada al premio Oscar, Babel.Al margen de todos esos prejuicios, envidias y ansias de revancha patrioteras, a mi parecer se requiere apreciarla como una obra per se, fuera de todo contexto. La película vale la pena. Y lo digo así, con tal vehemencia, porque, a diferencia de muchos de los que hablan, yo ya la ví, y porque además lo hice con los beneficios que da el ser miembro de la prensa, es decir, antes que nadie me hablara bien o mal de ella. Eso aparte de que mi perspectiva no tiene un rencor nacionalista, ni profesional, ni de ningún otro carácter. Lo afirmo además porque, a pesar de que el guión (hay que decirlo) se siente forzado, las historias tiene una fuerza brutal, de esas que llenan de angustia y hacen sentir las escenas en carne propia. La fotografía es maravillosa y quien no lo crea, que se meta al sitio de UIP o que busque el libro que Taschen hizo de los photo stills de la cinta. Obviamente eso habla también de unas locaciones fantásticas y muy variadas . Finalmente, y a lo que hace referencia el título del largometraje, el tema: la naturaleza egoísta del ser humano, que hace parecer que todos hablamos distintas lenguas y las consecuencias que eso conlleva. Si todo lo anterior sobra, porque se ve en cualquier cinta, pues entonces no, esta muestra de celuloide no es meritoria de nuestro tiempo.





























